lunes, 30 de abril de 2012

Lo barato sale caro

Lo que me pasó no fue por amarrete. Se trataba del casamiento de mi única hija, la luz de mis ojos y razón de mi existir, así que no discutí los precios del lujoso salón, el vestido, el auto descapotable para el traslado, la luna de miel, los salados, los dulces, los vinos… Pero que el fotógrafo me quisiera cobrar diez pesos más en concepto de seguro me pareció un abuso. ¿Quién podía imaginarse en ese momento que el muy imbécil, después de sacar las quinientas fotos encargadas, iba a llegar tan cansado a su casa como para quedarse dormido en el sofá, dejando que su pequeño hijo apretara quinientas veces el botón de borrar, borrar, borrar, borrar, borrar, borrar... El cura se negó a casarlos nuevamente, pero como con plata todo se arregla, contraté a un actor de renombre para desempeñar su papel, y alquilé un set de filmación donde se reconstruyó la iglesia. Y como, además, varios invitados se negaron a asistir gratis a una segunda ceremonia, ofrecí honorarios para todos. Por último, y para no dejar ningún detalle librado al azar, contraté a un feroz matón y le dicté instrucciones precisas: vigilar al fotógrafo durante la ceremonia, escarmentar a su descuidada esposa y machucar con un martillo los deditos del niño meterete, a los efectos de enseñarle el valor de las cosas. Esta vez todo resultó un éxito. Las fotos quedaron preciosas.

Avances en el mundo del arte

Estimados colegas: Como experto que soy en estética socio-histórica, análisis cultural comparado y semiótica del arte universal, graduado en la Universidad Multiétnica del Cono Sur y doctorado en el Consejo Interplanetario de Estudios Filosóficos, cumplo en expedirme acerca de la reciente innovación presentada en el terreno de las artes del espectáculo, tal como me ha sido pedido.
Los artistas, como es sabido, han procurado siempre dotar a sus obras del mayor realismo posible, estimular los sentidos del espectador a los efectos de imbuirlo en mundos fascinantes y creíbles, presentar imágenes y personajes cada vez más completos. Por lo menos, así ha sido con los artistas consagrados, ya que los que optaron por otros caminos fueron olvidados por la historia.
Los orígenes de este fenómeno se remontan al Siglo XV, cuando la Europa renacentista del planeta Tierra inventó la “perspectiva”, sagaz método que permitió mirar las obras con la naturalidad de quien mira por una ventana. Con la llegada de la fotografía, el realismo fue aún mayor y se diría que casi automático. El cine arcaico aportó una fuerte dosis de realismo, al incluir el movimiento, el sonido, el color. Luego vinieron el “cine con aromas”, la pantalla táctil-cinética, el “cinetotal”. Pero el Siglo XXV nos habría de deparar todavía una última y agradable sorpresa, cuyo estreno galáctico saludo en estas líneas: la presentación en escena de personas de carne y hueso, seres reales que hacen de sus propios cuerpos, gestos, vestidos y voces la obra de arte misma.
No tengo dudas de que el “teatro” (tal como ha sido bautizado en homenaje a míticas prácticas que se habrían llevado a cabo entre los primitivos terráqueos), constituye un impresionante y maravilloso avance en el mundo del arte, que con tanta pasión nos dedicamos a estudiar.
Muchas gracias.